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De frutos y raíces

En este espacio intentamos dar cuenta de distintos y diversos actos y eventos que suceden en nuestra Facultad: artísticos, formativos, solidarios. A veces son tantos los que se suceden en una misma semana, que no llegamos a recoger todos. También las redes de la Facultad, así como la Memoria de actividades que va construyendo el Decanato, se convierten en una bitácora en el mismo sentido.

Estos días me tropecé en el ascensor con una compañera que me mostró, orgullosa, y agradecida, algunos de los trabajos finales de sus estudiantes en una de las materias que imparte, Español de Canarias: desde una Cartografía de nuestra voz, un mapa que recoge los canarismos propios de cada isla y cómo se fueron moviendo de una a otra, a un Caligrama, el poema surrealista por excelencia, un dibujo que se traza con palabras construido, en este caso, por canarismos.

Este «tropiezo» me hizo caer en cuenta de cómo «olvidamos» el acontecimiento más importante que se da cada día entre nosotros, que hacemos con nuestras manos, en nuestras aulas, pero que quizá no valoramos lo suficiente: la clase, esa ceremonia diaria, repetida pero única cada vez, la que da sentido al quehacer de una universidad.

Es cierto también que hay clases y clases, pues hay materias y profesores que marcan, que van más allá del «volcado de datos» sobre un área de conocimiento e invitan a reflexionar, a crear conciencia, sacuden, emocionan, como si esos contenidos se hicieran cuerpo y nos pasaran por el cuerpo que somos, transformándonos. Creo que este es el caso de esta compañera.

Los estudiantes fueron capaces de crear, de plasmar de manera artística y plástica todo lo aprendido, renovando, enriqueciendo esa materia, ese mundo de conocimiento en el que ella los introdujo y condujo. Pero porque detrás de los frutos bellos, como estos trabajos, de las flores y las ramas con sus mil y una hojas, del tallo y del tronco que sostiene, hay una raíz que desparrama con paciencia y amor, cada día, su savia-sabiduría contagiosa. Raíz que va más allá, que es maestra, que enamora, que educa y deja huella. Y doy fe, porque también fue «profe» mía.